Pablo Escobar (hijo) explota la imagen del padre

Al ver el éxito ajeno con ideas similares, lanzó una línea de ropa con la foto del capo narco. Se consiguen en EEUU, México, España y Austria. “No se venderá en Colombia”, dijo.
Juan Pablo Escobar, de 35 años y quien desde hace 20 vive en Argentina con el nombre falso de Sebastián Marroquín para evitar la relación inmediata con su padre, creó una serie de pantalones y remeras con fotos estampadas de la cedula de ciudadanía del criminal, sus tarjetas de crédito, su certificado judicial expedido por la desaparecida policía secreta, el carné del colegio donde estudió y un permiso del Congreso que, hacia 1982, le permitía estacionar en cualquier sitio dada su calidad de legislador.



“La particular idea de la colección de ropa surgió hace cinco o seis años -explicó Marroquín-. Yo venía trabajando en mi mente cómo desarrollar la idea, que finalmente pudo ver la luz hace un año”. Las primeras prendas de vestir salieron al mercado entre mayo y junio.

Parientes de víctimas de Escobar, abatido por la policía colombiana en diciembre de 1993, dijeron que aunque su hijo tenga derecho a ganarse la vida legalmente, no es correcto explotar la imagen de un delincuente.

“El hijo de Pablo Escobar es un ciudadano que tiene sus derechos y tiene la posibilidad de realizar las actividades comerciales que desee”, dijo el ex ministro de Justicia Carlos Medellín Becerra, cuyo padre Carlos Medellín Forero, fue uno de los magistrados de la Corte Suprema de Justicia muertos en el asalto en noviembre de 1985 al Palacio de Justicia por una guerrilla en un acto que una comisión de la verdad dijo que fue financiado por Escobar.

“Hay un aprovechamiento de la imagen de un delincuente muy grande para vender albúmenes, ropa, camisetas lo que fuera. No es correcto aprovechar la imagen de un delincuente para fines comerciales, ni para el hijo de Escobar ni para nadie, básicamente porque hay que tener siempre presente que la construcción de una sociedad y de un país como el nuestro tiene que construirse sobre un buen ejemplo”, añadió Medellín.


Los precios de las 10.000 camisetas y 2.000 pantalones que se han hecho en la primera tanda rondan entre 65 y 95 dólares cada unidad. Y aparte de Estados Unidos, México, España y Austria, los fabricantes ya recibieron propuestas de vender en Italia, Israel, Rusia y Japón, según comentó Marroquín.
“Mi objetivo es enviar un mensaje de paz y de reflexión sobe su historia personal… No para invitar a que sea un modelo a seguir sino todo lo contrario: que sea un modelo a no repetirse”, explicó Marroquín.

La empresa y firma de la ropa se llama “Escobar-Henao” -por sus dos apellidos, el paterno y el de su madre María Victoria, que vive también en Buenos Aires- y produce la ropa en una fábrica de Medellín, a 250 kilómetros de la capital colombiana, donde precisamente Pablo Escobar fue asesinado por la fuerza pública y donde reinó en sus años de mayor poder.


Marroquín dice que escogió Medellín para apoyar la industria nacional, para generar empleo y para tratar de disminuir la violencia que su padre durante más de una década sembró en sus calles. “Al menos ocho personas trabajan de forma directa en la fabricación de las prendas”, dijo.

“La ropa, sin embargo, ni se está vendiendo ni se venderá en Colombia por respeto a las víctimas del accionar criminal de Escobar”, indicó el hijo del ex narco.

“No queremos lucrarnos del dolor de ningún colombiano”, aseguró. “Los colombianos me evitan más que la gente del exterior, y entiendo que mi padre dejó una ola de violencia muy fuerte que marcó un país”.


Según Marroquín, parte de las ganancias que obtiene la firma “Escobar Henao” son invertidas para ayudar a personas en Medellín. Esas ayudas, que pueden ser una silla de ruedas o una tutoría estudiantil, son enviadas a familias, que prefieren permanecer en el anonimato. “Aunque buscamos apoyar el trabajo de algunas ONG y otros planes sociales, fuimos rechazados precisamente por ser familia de Escobar”.

De la multimillonaria fortuna que tuvo su padre, tanto él como a su madre y a su hermana Manuela no les quedó nada. “Lo único que nos queda de Pablo Escobar es el ADN”, aseguró. Y dijo que él mismo financió la colección de ropa junto a otros empresarios, que no mencionó.

Marroquín cree que como hijo tiene “derecho a explotar la imagen” de su padre, a diferencia de otras personas que, según dijo, se han lucrado a través de distintos libros y series de televisión sobre lo que fue la vida del narco más grande y temido del mundo en los años 80 e inicios de los 90.
Fuente: AP


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