“Mi papá me dijo a mí: ‘mi profesión es ser bandido”

Juan-Pablo-Escobar_LPRIMA20150816_0132_24El Knockout de hoy lo hará pasar de la lástima a la rabia, pasando por indignación y sorpresa. Lo protagoniza Juan Pablo Escobar, el hijo del sanguinario narcotraficante colombiano Pablo Escobar, que antes de llegar al país para presentar su libro Pablo Escobar, mi padre se puso los guantes y se quitó las pepitas de la lengua.

Se bandeó entre la vergüenza que le da la crueldad del hombre al que ama incondicionalmente, el cargo de consciencia, un resentimiento profundo por el sistema y por la vida que le tocó vivir y la tranquilidad de haber elegido no seguir los pasos del padre.

¿Qué se siente, en una frase, ser el hijo del narcotraficante más temido de la historia?

El sabor del estigma.

¿Da más pena u orgullo?

Más amor.

En su momento le dio miedo…

El miedo ha sido mi compañero desde que nací. Pero ya somos buenos amigos.

Si todos tenemos algo de lobo y algo de oveja, ¿él cuánto y cuánto tenía?

Lo mismo que todos, 50 y 50, solo que le prestó más atención a la peor parte. Yo el 50% del lobo lo tengo amarrado y con doble nudo. Que no se me vaya a escapar.

¿Lo tienta el instinto del mal?

Todos tenemos que resistir las propuestas de violencia que nos hacen. Cada vez tengo menos insultos, amenazas, críticas… porque cada vez se entiende más que soy una persona de bien.

¿Qué tiene usted de su padre?

La papada [ríe]. Y las buenas intenciones de ayudar y contribuir positivamente.

Eso no es precisamente por lo que se le recuerda a él…

A él se le recuerda por el final de su historia, no por el principio. Las acciones malas son las que más tinta gastan. Las buenas a nadie le interesan: no generan morbo.

¿Pesa más lo bueno que todo lo malo que hizo, miles de muertos a cuestas incluidos?

Todo tiene que subirse a la misma báscula. El de arriba nos juzga.

Con el asesinato del ministro de Justicia de Colombia, Rodrigo Lara Bonilla, usted supo quién era su padre. Tenía siete años. ¿A qué edad los hijos de los villanos se vuelven cómplices y dejan de ser víctimas o espectadores de lo que hacen sus padres?

Depende de la capacidad de los padres de enfrentar ante sus hijos sus historias. Mi papá me dijo a mí: “mi profesión es ser bandido”. No creo que haya muchos padres capaces de decirle eso de frente a su familia.

¿Y eso es positivo?

Me ayuda a agradecer su honestidad y saber que me trató con respeto al no considerarme un idiota. ¿Te lo imaginas diciéndome que vendía galletas?

¿Quiso alguna vez ser como él?

¿Qué hijo en el mundo no ha querido parecerse a su padre alguna vez?

Por el asesinato de Lara Bonilla, su familia tuvo que irse a Panamá por un año…

Sí. La persecución contra mi familia fue inmediata. Salimos en helicóptero y entramos ilegalmente al país en una camioneta disfrazados de bañistas. Mi mamá iba embarazada. Al poco tiempo nació mi hermana.

¿En un hospital?

Sí, no recuerdo cuál. Pero fue registrada y todo. Mi papá transitaba sin miedos por Panamá.

¿Por qué eligieron irse a Panamá?

Mi padre ya tenía alianzas con Noriega y se sentía cómodo, seguro y protegido por él. No solo mi padre: todos los principales narcos de Colombia en ese momento. El cartel de Cali y Medellín tenían bancos en Panamá; muchos mafiosos vivieron a sus anchas allá.

Noriega los recibió a ustedes en su casa. ¿Qué recuerda de él?

De él nada. Recuerdo que fuimos a vivir a una mansión suya en plena ciudad. Colindaba a un parque muy grande que me recorrí mil veces con una moto que me regaló mi papá. Nos cuidaba en la portería la propia policía de Panamá.

Pero luego su papá desconfió de Noriega y se fue a Nicaragua…

Noriega le robó un avión y $3 millones. Y tenían convenios de que Noriega lo dejaría trabajar para montar laboratorios en Panamá y los dineros no serían perseguidos en los bancos… Tenían una zona destinada a la producción de cocaína y Noriega mandó a caerle a esos lugares que él conocía y había autorizado. Mi padre advirtió una traición y le mandó a decir que si no le devolvía la plata lo mataba. Le devolvió parte del dinero.

Pero después de Nicaragua volvieron a Panamá. ¿Por qué?

Sí, y nos quedamos como un mes organizando el regreso a Colombia. Porque yo estaba en una terrible depresión en Nicaragua. Allá no había nada. En Panamá había libertad, aunque estuviera condicionada. No había guerra.

¿Qué recuerda de Panamá?

La soledad. Fue la primera vez que probé el exilio.

¿Hizo amigos?

No. ¿Quién se nos iba a acercar?

¿Qué representaba Panamá para el narcotráfico?

Antes de la traición, Panamá era el bastión de impunidad más grande del que había logrado adueñarse el narcotráfico en el mundo. Sin ninguna duda.

Y hoy, ¿qué representa?

Sigue siendo un lugar importante para el narcotráfico y el lavado por su ubicación. Quiera o no, está en el radar de los narcos y siempre habrá tránsito ahí. No hay un país que pueda declararse libre de narcotráfico. No existe.

¿Le interesaría una visita a Noriega?

¿Qué puede uno hablar con una persona con esas historias? A mí no me ha quedado nada pendiente por decirle a él.

Un mensaje a Noriega.

Un abrazo de paz, respeto y reconciliación. No soy amigo de la violencia.

¿No buscaría que le devuelva el ‘saldo’?

Renuncié a todo eso de cobrar deudas… no quiero saber de dinero untado de sangre.

¿A quiénes conoce en Panamá?

A nadie.

¿Y a Jean Figali?

Me suena.

¿Le suena más John Nasser? Medios colombianos se refieren a él como capo en la época de su padre.

Ah, ¿es que se cambió el nombre o qué? El apellido Nasser me suena más. Es como si dijeras Lehder. Pero no le conozco mucho a él.

El narco Carlos Lehder, a quien le prometieron que a si ayudaba a atrapar a Noriega le rebajarían la sentencia y le incumplieron, reapareció la semana pasada contando que el crimen de Guillermo Cano (dueño de El Espectador) la ordenó el ex presidente Alfonso López Michelsen. Hasta ahora se pensaba que era su padre.

Mi padre fue el autor intelectual por una razón muy elemental: ese fue el único diario que pudo rescatar los archivos que daban fe de que él había sido detenido por tráfico de estupefacientes, cuando el mundo entero buscaba sus vínculos con el narcotráfico. Si los datos que aporta el señor Lehder son coincidentes, con esa muerte le habrán hecho favores a más de uno.

En una frase, explíquele a su hijo quién fue su abuelo.

El mejor papá del mundo.

¿Y en lo ‘profesional’?

El bandido más publicitado del siglo 20.

¿El más publicitado o el peor?

Yo conocí tantos… muchos en su carrera por destruirlo terminaron convirtiéndose en peores bandidos que él.

¿Para qué escribió el libro que va a presentar en Panamá? Deja muy mal parado a su papá, o sea que para lavar cara no fue. ¿Por dinero?

Las víctimas tienen derecho a saber la verdad de lo acontecido. Para repararlas hay que darles acceso a la información. Segundo, para que a mi hijo nadie le eche cuentos de lo que hizo su abuelo. Y tres, para que no se manipule más la historia ni se use como propaganda política de los establecimientos para acomodar la historia a su antojo.

¿Y por qué deberíamos creer que usted, siendo parte tan interesada, sí cuenta la verdad?

El lector tiene la capacidad de decidir y comparar si lo que digo es mentira o la cruda realidad. Y Planeta fue un filtro rigurosísimo: no iban a permitirme usar su editorial para pintar pajaritos en el aire.

Hay quienes alegan que con su libro está haciendo fortuna con las andanzas de su padre… Está entre los más vendidos en Brasil, Colombia, México y España. ¿Cuánto ha ganado?

Estoy esperando el informe de la editorial, pero yo creo que como heredero legítimo tengo más derecho que cualquiera a hacer fortuna con su historia. No es derecho exclusivo de HBO o de Caracol. No los vi cerca de mi padre cuando estaban los problemas… Y a ellos nadie les dice nada. Pero a los que queremos generar consciencia con su historia sí nos critican.

¿Las series de TV de su padre –El Patrón del Mal, por ejemplo– hacen que la gente lo quiera más o menos?

Estoy seguro que la hicieron para que lo quisieran menos. Les salió el tiro por la culata.

Que genere empatía da tristeza, ¿no cree?

Da tristeza que haga que lo quieran imitar. Lo convirtieron en un ícono pop. Eso es incapacidad de pensar en las consecuencias de los mensajes que salen a publicar a cambio de dinero.

Volviendo al libro, hay protagonistas de esa época que alegan que usted mintió…

No me inventé nada. Conviví más al lado de él que cualquiera. Tengo cartas donde además me reconoce como su mejor y único amigo. Conozco la historia al dedillo. La viví. No me la contaron ni la vi por Caracol. Y yo tengo también la capacidad de investigar. ¡Cuando me perseguían ahí sí lo sabía todo!

Pero tenía solo 16 años cuando murió…

Desde los 7 estoy viviendo la vida como bandido porque las autoridades me pusieron a correr como bandido.

¿Las autoridades o su papá?

Las autoridades fueron las que allanaron el colegio. El rector me escondió.

Consecuencia de los actos de su padre, ¿o no?

¿Te parecería justo que persiguieran a tu hijo porque tú mataste a 20?

Su papá dormía con la ametralladora atada a los zapatos. ¿Usted anda armado?

He andado con muchos escoltas muy armados. El gobierno de Colombia llegó a ponerme 100 escoltas que más que eso eran bandidos esperando que les dieran la orden de dispararnos.

Pone a su podre como una víctima…

De ninguna manera. Es responsable de sus actos. Más que víctima es hijo de la prohibición.

¿Julio Iglesias le pidió ayuda a su papá en 1995 para ayudarlo a liberar a su padre secuestrado por ETA?

Yo lo que entiendo es que mi papá le hizo inteligencia a Chavelí para secuestrarla.

¿Y Frank Sinatra qué tuvo que ver con su padre?

Tenía vínculos directos con un socio de él. Era uno de los que más droga recibía en Estados Unidos.

Su papa fue congresista. ¿Hay más maleantes dentro o fuera de los congresos?

En Colombia ya tuvimos a la mitad más uno de nuestros congresistas presos por sus relaciones con la ilegalidad. Lo que era escandaloso se volvió un vicio. ¿O me equivoco?

Si a usted Pablo Escobar le hubiera matado a un hijo, ¿lo hubiera perdonado?

Yo he sido testigo de ver a los hijos de las víctimas de mi padre perdonar los actos más atroces. No veo por qué yo debería ser la excepción.

¿Qué ganó y qué perdió Colombia con la muerte de su padre?

Ni ganó ni perdió. Siguió todo muy parecido y peor.

Cuando mataron a su padre, en 1993, usted tenía 16 años y amenazó diciendo: “Yo solo voy a matar a esos hijos de pu…, yo solo los mato”. A los 10 minutos se arrepintió. ¿Se dio cuenta de que pensó como su padre?

A mi padre no lo mataron. Se dejó encontrar y se suicidó. Segundo, yo tuve, como todo hijo, un enorme dolor. Esos cinco segundos de amenazas se han convertido en más de 20 años de exilio. De ahí aprendí a pensar antes de hablar.

Usted fue la última persona que habló con él y ha contado que se despidió con un ‘te llamo ahorita’. ¿Si se hubiera suicidado se hubiera despedido así?

Hay que conocerlo muy profundamente para entender su particular manera de enviar los mensajes. Un hombre que tenía aun el poder de enviar a cualquier persona a llamar a su familia para ver si estaba bien, ¿te parece que vaya y agarre a hacer las llamadas él identificándose con nombre y cédula al hotel cuyos dueños son las cajas de retiro de las fuerzas militares de Colombia? ¿Qué es eso sino el deseo de ser encontrado? Toda la vida me dijo: “jamás uses el teléfono, porque eso es la muerte”. Y el 2 de diciembre de 1993 lo que más usó fue el teléfono.

Pero dijo que lo llamaba al ratito… y los informes forenses hablan de que lo mataron.

Los forenses nos dijeron que fue suicidio pero que los obligaron a adulterar el informe.

¿Qué hizo esquivo a su papá frente a las autoridades?

Gran parte de sus operaciones estaban cronometradas. Era obsesivo con eso y lo hizo muy exitoso.

¿Qué opinaría si hoy el peor criminal estuviera en una celda de lujo como la de su papá en La Catedral?

Celda es celda, por más que tenga barrotes de oro.

Fuera del Chapo Guzmán, ¿quién burla hoy la autoridad como lo hizo su papá?

A veces creo que la autoridad se burla de nosotros.

¿Qué pensó cuando supo de esa magistral huida?

Sorprendido por su sagacidad y capacidad de ridiculizar a todo el que lo cuidaba. Me da tristeza ver cómo el mundo tiene el cinismo de pensar que aplicando la misma fórmula va a obtener resultados diferentes. A mi papá se le acusaba de ser el dueño del 80% del mercado de la cocaína. Al día siguiente no faltó droga en el mundo. Después se desmanteló el cartel de Cali. ¿Faltó droga? Ni un gramo. Así nos tienen desde hace 40 años. El negocio ha seguido floreciente como nunca.

¿Entonces usted legalizaría la droga?

La prohibición no funciona. Las drogas ya están legalizadas. Llega hoy donde la pidas. Lo que no están es regularizadas.

¿Cómo solucionaría, entonces?

Si el Estado toma el control del negocio… tiene todas las herramientas para enfrentarlo efectivamente sin un solo tiro. Nada más irresponsable que dejar el problema en manos de narcos.

Su papá le puso las drogas sobre la mesa a los ocho años, pero no se volvió adicto. ¿O sí?

El amor con el que mi padre me educó fue el mejor antídoto para mantenerme alejado de eso. Probé marihuana a los 28 años.

¿Y siguió?

No tengo problema en reconocer que la consumí. Mientras no moleste a nadie, lo que hago o no en mi esfera íntima ahí se queda.

Usted en Buenos Aires vivió en el anonimato por cinco años. Hasta el perro de la casa cambió de nombre. ¿El mayor beneficio de ser un desconocido?

El privilegio de no ser nadie es indescriptible.

¿Qué extraña de su vida pasada? La de la opulencia.

Solo a mi padre.

¿Prefiere que lo llamen Juan Pablo o Sebastián?

Soy mis actos, no mi nombre ni mis apellidos. Me da lo mismo.

Paz con las Farc. ¿Va o no?

Celebro, apoyo y acompaño todo intento para que reine la paz en mi país. No importa con quién o en qué condiciones. La paz es más importante.

Las Farc piden ‘ni un día de cárcel’. ¿Hasta eso aceptaría?

He visto negociar en las condiciones más desfavorables. Eso es una guerra fratricida: colombianos contra colombianos.

Narcos, paras y guerrilleros. ¿En qué se parecen todos?

Tienen una ideología en común. La del dinero.

Usted les pidió perdón por los pecados de su padre a los hijos de Luis Carlos Galán [candidato presidencial] y Rodrigo Lara. ¿Qué aprendió ese día?

Que el perdón sana. Fueron muy generosos. Pude mirar a los ojos el dolor que mi padre causó en ellos. Fue la situación más angustiante e incómoda en la que he podido estar. Incluso más que cuando fui a la reunión con el cartel de Cali a sabiendas que me matarían [ya estaba advertido], porque a eso fui dispuesto a morir por el pecado de haber nacido hijo de Pablo Escobar. Pero a las familias Lara y Galán… no tenía excusa válida para presentarles a ellos.

¿Por qué el cartel de Cali no lo mató?

Creo que valoraron la valentía –o la estupidez– que tuve para ir allá. Entendieron que si fui capaz de ir a la cita con la muerte merecía una oportunidad para vivir. Creyeron en mi promesa de que nunca vengaré la muerte de mi padre.

Usted es arquitecto. ¿Ha perdido contratos por ser quien es?

El 98% de mi falta de progreso se debe al prejuicio. Ante la misma dosis de talento el cliente prefiere elegir a quien no tiene la historia que tengo yo a cuestas.

Tras la muerte de su padre y antes de salir de Colombia, los Pepes [grupo paramilitar adverso a Escobar] despojaron a su familia de su fortuna. No lo han dicho: ¿Cuánto entregaron?

La consigna era sencilla. “Si esconden una sola moneda los matamos”. Lo que las autoridades no sabían que teníamos si lo sabían los antiguos socios de mi padre, ahora Pepes.

¿Cuánto?

No hay recibos ni evidencias. Estimo muy prudentemente que la cifra que entregamos entre arte, lanchas, fincas, plata, etcétera, puede sumar más de $150 millones. Tranquilamente.

¿Qué queda de la fortuna del que según Forbes fue el hombre más rico del mundo?

La fama nada más. No se ha usado ni un solo dólar decomisado a reparar víctimas. Todo paró en las arcas de los políticos. Pareciera que un ladrón le robó a otro.

¿Dónde quedó el cuadro Rock and Roll de Dalí de su madre?

Solo Carlos Castaño podría responderte eso. Y está muerto.

Él se los robo y se los quiso devolver, ¿no?

Y cuando nos lo quiso devolver mi madre se lo regaló para congraciarse con él y lograr protección ante esa jauría que nos quería comer vivos.

¿Hoy es millonario?

Sí, porque soy más libre y no tengo ese dinero que no me deja serlo.

Alguna vez usted declaró que terminó acostumbrándose a un papá que no le temblaba la voz para decir ‘sí, yo maté a fulano’. Además, vio muertes horribles. ¿Qué le da escalofríos hoy?

Pensar que no voy a tener el tiempo necesario para ver crecer a mi hijo.

¿Teme que lo maten?

No, porque cuando me dijeron que lo iban a hacer llegué puntual.

Usted insiste en que su amor a su papá es incondicional. ¿Cómo se puede querer así a alguien como él?

Incondicional y no negociable. Lo único que recibí de él fue amor y buenos consejos.

El mejor consejo.

Dos. Uno, “valiente el que no la prueba” [la droga]. Dos, “si quieres ser médico te regalaré el mejor hospital. Si quieres ser estilista, el mejor salón de belleza”.

¿Eso qué tiene de consejo?

Alentó mi personalidad para que no siguiera sus pasos. Nunca me dijo que soñaba con que yo siguiera su camino.

¿Cuánto colaboró la mamá y el hermano de su papá en su muerte?

98%. No tuvieron que exiliarse y gozan de tranquilidad en Colombia. Lo entregaron. Lo vendieron.

¿Qué país sería Colombia si su papá siguiera vivo?

Estaría destruido. No sé si habría país.

¿Por qué firmó el libro como Juan Pablo y no como Sebastián? ¿Para vender más?

Quise firmar como Sebastián pero la editorial me hizo ver que se leería como una incoherencia para quienes desconocían el cambio de identidad.

¿Tiene visa de Estados Unidos?

No me la dan porque no soy narco.

¿Entonces yo soy narco?

No todos tienen que serlo. En mi experiencia, a muchos narcos se las dan y a sus hijos se las niegan.

Tras la muerte de su papá ni Cruz Roja Internacional ni Naciones Unidas ni el Vaticano los refugiaron. Ni en los counters de las aerolíneas les querían vender pasajes. Solo Mozambique los quiso recibir. Sea sincero: ¿usted no hubiera hecho lo mismo?

No. Éramos menores de edad y mujeres, indefensos e inocentes, no delincuentes. Violadores ellos de los derechos humanos, que sabiendo eso nos discriminaron.

Pero Popeye [miembro del círculo cero de Escobar] dice que usted es un ‘animal, bruto, bandido que ahora se vende como Gandhi’ y que participó en torturas a los 12 años…

Él fue presionado en su momento para decir mentiras. Yo ya expliqué eso ante la justicia y salí inocente.

La excentricidad más loca que recuerda de su papá.

Envió en un avión privado de Brasil a Colombia a una sola lora porque le gustaba mucho.

Juan Pablo Escobar junto a su papá

¿Cómo fue tener la espada de Simón Bolívar en su poder [su papá la tenía]?

No la valoré. No entendía el sentido histórico que tenía un objeto como ese. Me pareció el regalo más aburrido de mi padre. Llegue a tener la desfachatez de cuestionarla porque no tenía filo. Decía: ¿Cómo nos libertó este hombre con una espada sin filo?

Usted tenía 30 motos y la pista de Motocross más grande de Latinoamérica, entre otras muchas locuras. ¿Qué le faltó?

Libertad. Teníamos de todo sin ser dueños de nada.

Por ejemplo, al final y aún con todos los millones no podían salir a comprar una libra de arroz. Literalmente estaban muriéndose de hambre. Irónico, ¿no?

Exacto. Eso es peor que ser pobre. Lo que nos ayudó a sobrevivir fue una sopa que la reciclamos. Estaba totalmente podrida, con hongos por encima. La hervíamos y así nos salvamos.

¿Es cierto que su hermana le pidió una vez un unicornio a su papá y que para darle gusto él le clavó un cacho a un caballo?

Cualquier cosa que se inventa cualquier pendejo la terminan creyendo… ¿Tú crees a mi padre, un amante de los animales, capaz de hacerle semejante vejamen a un animal?

Cosas peores les hacía a las personas…

Él amaba más a los animales que a las personas.

¿Qué eran las personas para él?

Él decía que solo los amigos eran irremplazables.

Mucha gente le ofreció que siguiera liderando el negocio. ¿Quiénes?

Queda en el pasado.

Su hermana, ¿qué secuelas psicológicas tiene por la tragedia de su padre?

La familia de Manuela no hace ningún tipo de comentarios con respecto a su intimidad.

Su mamá alcanzó a juntar parte de la fortuna de su padre, pero el esposo que se consiguió la estafó. ¿Quién es ese señor?

Juan Carlos Zacarías Lobo, personaje que le hace honor a sus dos apellidos.

Argentina está plagada de narcos colombianos. ¿Por qué nunca ha tenido vínculos con ningún narco? ¿No lo han buscado?

El mundo está lleno de narcos de todas las nacionalidades. Saben que conmigo pierden tiempo. Soy un hombre de paz y de bien.

¿En qué quedó la demanda que le puso usted a un falso hermano suyo que decía que era el hijo mayor?

Tengo material de sobra y ya lo tienen las autoridades. Eso fue un invento de mi tío Roberto [hermano de Escobar]. Como vio que no me convertí en su cómplice para lucrarnos de la historia de mi padre se le ocurrió contratar a un payaso para decir que era el verdadero hijo. José Pablo Rodríguez Chamberlain, puertorriqueño además, me escribió reconociendo su identidad y proponiéndome estafar al mundo partiendo las ganancias al 50%.

¿Como papá no le reprocha nada a Pablo Escobar?

No vine a oficiar de juez de alguien de quien soy parte.

¿Ni siquiera que no tenía un solo amigo para salir en el recreo?

No, porque sé que él siempre quiso darme lo mejor. No quiso generarme el daño que terminó causándome.

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