Juan Pablo Escobar: «Es duro pedir perdón por los pecados de tu padre»

ENTREVISTA AL HIJO DEL JEFE DEL CÁRTEL DE MEDELLÍN
escobar2--644x362CARMEN MUÑOZCMUNOZCAMOS / MADRID
Día 16/04/2015 – 16.52h
Cuando tenía ocho años, «El Patrón», como era conocido Pablo Escobar, le puso todas las drogas sobre la mesa y le dijo: «Valiente aquel que no las prueba»
Juan Pablo Escobar: «Es duro pedir perdón por los pecados de tu padre»


ISABEL PERMUY
Juan Pablo Escobar, el verdadero nombre de Juan Sebastián Marroquín, durante la entrevista en Madrid
Juan Pablo Escobar (Medellín, 1977) es el hijo de uno de los más poderosos criminales del siglo XX, con más de diez mil muertos a sus espaldas y capo de la mayor parte del tráfico de cocaína del mundo entre los años 80 y 90. En «Pablo Escobar, mi padre» (Península) hace un retrato de su progenitor (muerto a tiros en 1993), del que él mismo dice que no sale bien parado. Entre otras anécdotas explica cómo dormía con la ametralladora atada a los zapatos junto a su cama para huir veloz. Desde hace dos décadas reside en Buenos Aires, donde ejerce como arquitecto y tiene un hijo de dos años, bajo una nueva identidad: Juan Sebastián Marroquín.

-¿Por qué decidió escribir este libro cuando tanto se ha escrito sobre su padre? ¿Para lavar su imagen o para redimirse?

-Porque había que dejar primero que contasen todas las mentiras que tenían que contar sobre mi padre para después cerrar con la verdadera historia. Las víctimas merecen el derecho a acceder a la verdad, no a las historietas que les han ido contando. Y también para que a mi hijo le quede un testimonio de quién fue su abuelo en realidad.

«A cualquier costo la paz es barata»
-Su padre fue odiado y a la vez querido por los más pobres ¿Cómo se siente siendo el hijo del hombre más odiado de Colombia? ¿Cree que es como ser el hijo de Al Capone, Stalin o Hitler?
-Yo no sé si es el más odiado de Colombia porque los pobres son muy afines a mi padre. Eso no quiere decir que no haya sido un hombre malo, sino que tiene la simpatía de la gente con menos recursos en Colombia, el 90% del país. Para mí era mi padre y puede ser comparado con quien quiera, pero el amor que siento por él es incondicional e innegociable. Un amor que no me impide reconocer sus actos violentos. No lo he escrito para lavar su imagen, al contrario, lo deja peor parado como persona.

-Describa a su padre.

-Como el mejor padre del mundo. Conmigo. Una persona con valores familiares muy fuertes. Yo lo veía en la cotidianidad, con mi madre, mi hermana, con su familia.

-Cuando mataron a su padre el 2 de diciembre de 1993 usted tenía 16 años y juró vengar su muerte. ¿Qué le hizo romper esa promesa a los 10 minutos y convertirse luego en activista de la reconciliación?

-A mi padre no lo mataron, él eligió ser descubierto y se dejó descubrir. Éramos rehenes del Estado. Alguien tenía que aparecer muerto: su familia o él. Mi madre y yo hacíamos grandes esfuerzos para que cambiara de actitud frente a la violencia que ejercía. Logramos que se entregara y estuvo en la cárcel de La Catedral bajo condiciones muy especiales. Creímos con ingenuidad que iba a ser parte de ese cambio, que pagaría muchos años de cárcel y se solucionarían a la larga los problemas de la familia. Pero desperdició esa segunda oportunidad que le dio la sociedad de reinsertarse y reconocer sus crímenes. En esos diez minutos, cuando comencé a elucubrar cómo me iba a vengar, me aterró pensar que estaría a punto de convertirme en alguien peor que mi propio padre, la persona que tanto critiqué en vida. No me parecía coherente con mis pensamientos. Por suerte di marcha atrás y hace 21 años que cumplo la segunda promesa: ser un hombre de paz.

-¿Cómo era la celda de su padre en La Catedral?

-Se parecería más a la habitación de este hotel (Palace). Eso no parecía una cárcel.

-¿Fue duro el paso de una vida opulenta al exilio en Mozambique, uno de los países más pobres del mundo?

-Habíamos salido en busca de un futuro mejor para nosotros, no de un lugar peor de lo que era Colombia. Decidimos regresar a Buenos Aires, donde nos habían dado un visado de turista por tres meses durante una escala técnica camino de Maputo. Llegamos por tres meses y llevamos veinte años los cuatro: mi madre, mi hermana y mi esposa, que entonces era mi novia. En Buenos Aires logramos vivir en el anonimato durante cinco años, disfrutamos del privilegio de no ser nadie. Veníamos de tener millones de dólares a no tener nada. Fuimos despojados a punta de pistola de todo lo que nos había dejado mi padre. Nos tuvimos que poner a trabajar. Todos cambiamos de nombre, hasta el perro de la casa.

«Narcos y guerrilleros son afines a la misma ideología, la del dinero»
-¿Como vivió el encuentro y la petición de perdón a los hijos de los políticos asesinados Luis Carlos Galán (candidato a la presidencia) y Rodrigo Lara (ministro de Justicia) en 2008?
-Fue un encuentro muy duro, muy difícil. Recuerdo un dolor abdominal como nunca lo he sentido. Nadie te prepara para pedir perdón y menos por los pecados de tu padre. Me encontré con unas familias muy generosas, dispuestas a abandonar sus odios. Muchas más familias lo hicieron después. Cuando tú perdonas, terminas liberándote del dolor que te generó el victimario. Entendí que era un proceso que debíamos vivir como familia y como país, los colombianos estamos muy divididos y enfrentados. Hace 50 años que Colombia no conoce lo que es la paz. Por eso valoro todos los esfuerzos que se hagan con todos los sectores en guerra. Pero no solo hay una guerra contra la guerrilla, hay muchas otras guerras. Ahora se parecen, ya no distingues entre narcotraficantes, paramilitares o guerrilleros. Todos son afines a la única ideología del dinero, es la ideología que los une a todos.

-¿Su país está preparado para la reconciliación después de décadas de matanzas?

-Yo tuve la experiencia de haber hecho con mi madre acuerdos de paz con los carteles de la droga de Colombia en condiciones desfavorables contra nosotros, donde teníamos todas las de perder y lo perdimos todo solo a cambio de la paz. No digo que haya que renunciar a la justicia, pero la paz es mucho más importante que cualquier otra cosa para que una sociedad prospere. Colombia tiene que estar dispuesta a perdonar muchas cosas, a superar muchas otras, a reconciliarse porque a cualquier costo la paz es barata, es necesaria para que podamos reinventarnos como personas y como nación. Hay consenso de que estamos hartos de la violencia. He visto a muchos capos de la droga cansados de ejercer violencia. Una muestra de que eso es cierto es que estoy vivo. Pudieron haberme matado con un guiño y no lo hicieron porque están hartos de esa violencia y no quieren que sus hijos la sufran.

-¿Cómo explica que Pablo Escobar, considerado un monstruo, también sea protagonista de telenovelas? ¿Los colombianos están así conociendo y asimilando su pasado?

-Es el peor pasado, están contando la versión del establecimiento. Mi padre no era el único culpable, él es responsable de sus actos, no lo exculpo por eso. El establecimiento quiere perpetuar la impunidad sobre la verdadera historia de corrupción que hay detrás del personaje de mi padre. El espesor de este libro sería mucho menor si no hubiese habido una pizca de corrupción en Colombia.

«Me reconoció que había consumido todo tipo de drogas salvo la heroína»
-¿Es cierto que su padre le dijo que nunca probara la droga?
-Valiente aquel que no la prueba, me decía. A los ocho años me habló por primera vez de las drogas. Las puso encima de la mesa y reconoció haberlas consumido todas a excepción de la heroína. Me dijo que el día que tuviera tanta curiosidad que no pudiera soportarla y la quisiera probar, le llamase y la probábamos juntos. Eso legalizó las drogas para mi mundo y le quitó la curiosidad, el halo de la prohibición. Probé la marihuana a los 28 años. Nunca imaginé un niño más expuesto a la droga que yo en Colombia.

-¿Ha llegado a odiar a su padre por lo que les ha hecho sufrir?

-No ha habido un solo día de mi vida en que yo le haya odiado ni lo habrá. Lo amo incondicionalmente, a pesar de los pesares.

-¿Pasaba miedo cuando era niño y adolescente?

-Era mi compañero permanente.

-¿Es reacia la gente a encargarle proyectos por ser hijo de Pablo Escobar?

-Muchos sectores se han comportado de manera prejuiciosa con nosotros. Se nos juzga por los actos de un hombre que hace 21 años que murió. Pero eso nunca me ha servido de excusa para desviarme del camino de la paz en mi arquitectura o diseño industrial. Son carreras que te ayudan a pensar en la construcción, no en la destrucción. He construido edificios, casas, oficinas, mobiliario… en Buenos Aires y en Antioquia (Colombia).

-¿Es cierto que diseñó muebles para el interior de una piscina?

-¿Por qué tomar el sol fuera de la piscina si puedes disfrutarlo con la frescura del agua?

-¿Cómo fue tener la espada de Simón Bolívar en sus manos (estuvo en poder de Pablo Escobar durante un lustro)?

-No la valoré como debía, no supe lo que tenía en mis manos hasta hoy.

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