Esa fascinación por el mundo excesivo y prohibido del narco

01.04.14 La ficción colombiana que narra la vida del capo del cartel de Medellín finalizó en Argentina el lunes con altísimo rating.
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EL GRAN PERSONAJE: PABLO ESCOBAR GAVIRIA, EXJEFE DEL CARTEL DE MEDELLIN
Desde un tiempo a esta parte, algunos salteños utilizan con gran soltura algunas expresiones importadas de la zona del Caribe colombiano, como “berraco”, “achicopalado”, “chupar cana” (ir preso), “dar plomo”, “hacer la vueltica” (mandar a matar)… Los más memoriosos, incluso, se han dedicado a reproducir con “aire intelectual” algunas frases que el carismático protagonista de “Escobar, el patrón del mal” dejó para el bronce. Ejemplos: “Hay tres maneras de hacer las cosas: bien, mal y como las hago yo”; “Al perro que tiene dinero, se le dice señor perro”; “El día que vaya a hacer algo malo, hágalo bien hecho”, entre otras. Este fenómeno ocurre cuando un producto televisivo cala hondo, sorprende y se instala en los hogares con fuerza de ritual. La serie colombiana, encasillada en el subgénero conocido como “narconovela”, finalizó el lunes a la noche con la imagen de Pablo Escobar derribado de un tiro en el corazón, sobre el tejado de una casa en la periferia de Medellín.

En Argentina, las “narconovelas” pasaron sin pena ni gloria hasta que llegó “Escobar…” a Canal 9 y arrasó con la audiencia. Ahora, la emisora intenta repetir los picos de rating con “El señor de los cielos”, serie ambientada en el mundillo “narco” de la frontera mexicana. Pero, ¿a qué se debe el éxito de este subgénero televisivo? ¿Mérito exclusivo de un producto de excelente factura? ¿Catarsis de sociedades arrasadas por la violencia del narcotráfico? Pero y en el caso argentino, ¿por qué un personaje como el narco despierta tanta fascinación en la audiencia? En novelas como “Escobar…”, estos villanos aparecen retratados desde una sutil ambivalencia. El narco es un hombre sin sentimientos, de crueldad extrema y es, a la vez, un padre amoroso, incondicional con los amigos y capaz de gestos que lo coronan como una especie de héroe popular. Quizás el secreto de los guionistas esté, precisamente, en presentar esa doble faz que cosecha amores y odios por igual.
Diana Cohen Agrest es doctora en filosofía por la UBA y magíster en bioética por la Monasch University, de Australia. Para ella, esta ambivalencia “es un mecanismo psíquico inescindible de la condición humana”. “Todos la sufrimos -agrega-. Cuando esa ambivalencia se expresa en situaciones tan extremas, la identificación con la parte ‘buena’ del personaje permite una autoexculpación reparatoria de nuestra parte ‘mala’, que por supuesto suele ser mucho más banal que la que se muestra en la novela. Es un ingrediente clásico que también se ve en ‘El Padrino’: el mafioso es muy buen padre, sus hijos estudian en universidades de excelencia en el extranjero y sueñan ‘limpiar’ a través de ellos su propia historia”, comparó Cohen.
Los mecanismos de la admiración
Entrar -aunque sea a través de una ficción- en la intimidad de la vida exuberante, lujosa y hasta surrealista de los narcos coloca al espectador en una posición voyeurista. “El narco es quien transgrede la ley y, de alguna manera, realiza en la ficción (mucho más tolerable que la realidad) aquello que el común de la gente no se anima a hacer. La narconovela transita sobre la frontera entre la realidad y la ficción: asistimos a una ficción a sabiendas de que es una réplica de la realidad”, explica Diana Cohen.
Por otro lado, para algunos colombianos, la vida del narco refleja una manera “paralegal”, pero legítima, de ascenso social. Cohen explica cómo funcionan los engranajes de esta aceptación: “La compasión produce indirectamente una justificación y un empoderamiento indirecto del delincuente que invierte el orden simbólico. En un mecanismo de admiración inconsciente, se celebra al narco quien es, al fin de cuentas, el ganador que ‘pudo’ con el sistema”.
Con respecto a la adhesión de la audiencia a estos personajes tan nefastos y pintorescos a la vez, la filósofa explicó que el bien y el mal son nociones muy complejas: “Según los profesionales que conviven con el crimen -abogados que se animan a un sincericidio, por ejemplo- una vez que se inicia el camino del delito, difícilmente se vuelva atrás”.
Sobre la intención de algunos medios de instalar el tema del narcotráfico en la agenda a partir del éxito de estas ficciones, Cohen sentenció: “Las narconovelas pueden conmover; los debates serios se fundan en razones y datos”.


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