El fantasma de Pablo

La apasionante historia de la familia de Pablo Escobar después de la muerte del capo.
EL 8 DE JUNIO DE 1994 MARIA Victoria Henao y sus hijos, Juan Pablo y Manuela Escobar, tomaron asiento en una pequeña sala de recibo de la notaría 12 de Medellín y durante dos horas discutieron sobre cuáles serían los nombres que a partir de ese momento les darían una nueva identidad. Quienes conocieron de cerca lo que ocurrió ese día cuentan que a María Victoria no le gustaban para nada los apellidos Uribe, Molina, Quintero, Rojas, Ramírez o Pérez. Ella consideraba que en el exterior esos nombres sonaban como de mafiosos.

La viuda de Pablo Escobar quería para su nueva identidad nombres y apellidos de alcurnia. De ex presidentes de la República. De la sociedad. Fue así como, finalmente, se inclinó por Santos Caballero y Marroquín Santos.

A las 5:30 de la tarde de ese 8 de junio de 1994 los Escobar abandonaron la notaría 12 bajo una nueva identidad. A partir de ese momento ella comenzó a llamarse María Isabel Santos Caballero. Su hijo Juan Pablo tomó el nombre de Juan Sebastián Marroquín Santos y Manuela optó por el de Juana Manuela Marroquín Santos.

Así, dos meses después, los Escobar, ya en ese entonces Marroquín Santos, con documentos –cédula y pasaporte– legalmente expedidos por la Registraduría Nacional y la oficina de pasaportes de la Cancillería, salieron del país. Y como en el epílogo de La Vorágine, de José Eustasio Rivera, a los Escobar parecía que la manigua también se los había comido. Desde mediados de 1994 no se volvió a saber nada de ellos. Nadie daba razón de su paradero. La última noticia que se conoció fue a comienzos de 1995 cuando el entonces director del Cuerpo Técnico de la Fiscalía –CTI–, Hernán Jiménez, confirmó que María Victoria y sus hijos Juan Pablo y Manuela habían abandonado el país “bajo su propia identidad”.

Pero su rastro ya se había perdido. Sólo se escuchaban rumores sobre su destino final. Se dijo que estaban viviendo en Canadá, Chile, Brasil, España o Italia. Pero sólo eran rumores. El único vestigio de su paradero estaba consignado en los informes del departamento de migración del DAS, que conoció SEMANA. Allí estaban registradas varias entradas y salidas de Juan Pablo Escobar. La última de ellas da cuenta de que el hijo de Pablo Escobar salió del país el 12 de julio de 1996 del aeropuerto de Rionegro, Antioquia, con destino a Miami. Desde entonces los funcionarios de migración no volvieron a conocer ningún otro dato sobre entradas o salidas del país por parte de Juan Pablo Escobar.

Pero la semana pasada se volvió a tener noticias de los Escobar. Un juez en Buenos Aires, Argentina, ordenó su arresto bajo los cargos de falsificación de documento público, uso de documento falso y lavado de activos.

Como parias
Después de la muerte de Pablo Escobar su familia comenzó a rodar como si fuera de gitanos por todo el país. Nadie quería tenerlos como vecinos. No pasaba más de un mes en que no tuvieran que cambiar de residencia. El primer dolor de cabeza con la presencia de los Escobar lo sufrieron los habitantes del exclusivo barrio Santa Ana, al norte de Bogotá. Allí y a media cuadra de donde vivía el entonces ministro de Defensa, Rafael Pardo, los Escobar alquilaron un apartamento. Pero muy pronto sus problemas comenzaron con la comunidad. A mediados de marzo de 1994 el comité de habitantes de Santa Ana les solicitó que abandonaran el lugar.

Por esa misma época los Escobar iniciaron una correría por las cárceles del país y se reunieron con los grupos que mantuvieron una guerra abierta con Pablo Escobar. Su objetivo era tratar de buscar una reconciliación para que ellos y el resto de su familia pudieran convivir en paz. Con algunos sectores María Victoria Henao y su hijo lograron limar asperezas. Pero quedaron varios enemigos irreconciliables.

Frente a esta situación –enemigos al acecho y vecinos inconformes– los Escobar les solicitaron a su grupo de abogados iniciar una serie de contactos con la Fiscalía General de la Nación con el fin de buscar una salida que les permitiera abandonar el país y residenciarse en algún lugar del mundo donde pudieran empezar una nueva vida. “No fue fácil encontrar una solución. Realizamos una serie de reuniones con el entonces fiscal Gustavo de Greiff, a quien le planteamos el problema y le pedimos su colaboración. En un principio se pensó en meter a la familia Escobar en el programa de protección de testigos. Pero esa idea no prosperó pues no sería visto con buenos ojos que la Fiscalía realizara ese trámite pues el Fiscal se expondría a un escándalo”, señaló a SEMANA uno de los abogados de la familia Escobar que participó en las reuniones con la Fiscalía y quien pidió reserva de su nombre.

Sin embargo los abogados continuaron buscando una salida. “En una de esas reuniones en la Fiscalía surgió una alternativa: cambio de identidad. Sabíamos que no sería nada fácil de convencer a los Escobar de esa idea pero no había otra salida”, agregó otro de los abogados que participaron en las reuniones.

Y en efecto, no fue nada fácil para los abogados convencer a la familia del cambio de nombres. “El trámite era muy sencillo –manifestó uno de los abogados–. Lo primero que se estableció fue que no había ningún antecedente penal contra María Victoria y sus hijos. Luego había que acudir a una notaría para solicitar el cambio aduciendo problemas de seguridad. Hecha esta diligencia el siguiente paso corría por cuenta de la Fiscalía para que ellos iniciaran los trámites correspondientes ante la Registraduría General de la Nación para la expedición de las nuevas cédulas”.

Aceptado el cambio por María Victoria y sus hijos se dirigieron a la notaría 12 de Medellín y mediante escritura pública se oficializó el trámite. Eso ocurrió el 8 de junio de 1994 ante la notaria Marta Inés Alzate de Restrepo.

Una vez cumplida la formalidad notarial del cambio de identidad los abogados le hicieron entrega de la documentación a la Fiscalía General de la Nación para que ésta a su vez enviara la solicitud de nuevas cédulas y tarjeta de identidad a la Registraduría Nacional del Estado Civil.

El entonces registrador nacional, Luis Camilo Osorio, en entrevista con SEMANA, señaló que en efecto en junio de 1994 la Fiscalía General de la Nación le solicitó oficialmente el cambio de identidad de la familia Escobar. “La Fiscalía señaló que una vez valoradas una serie de circunstancias, entre ellas las de seguridad, era necesario realizar los cambios de identidad. Todo esto se hizo bajo el fundamento de la ley y a partir de ahí los trámites que se hicieron son estrictamente reservados”, agregó Osorio.

Por su parte el ex fiscal Alfonso Valdivieso indicó que cuando asumió la administración de la Fiscalía “esos trámites de cambio de identidad de la familia Escobar ya se habían realizado. Yo no conocí si funcionarios de la Fiscalía en mi administración recibieron los nuevos documentos que les fueron entregados a los Escobar. Lo que quiero dejar en claro es que cuando llegué la situación de los Escobar ya estaba definida”, agregó Valdivieso.

Largo camino
Con la nueva identidad de Marroquín Santos los abogados de la viuda de Pablo Escobar y sus hijos comenzaron a estudiar cuál país sería el más conveniente para que ellos se fueran a vivir. Después de consultar con varios abogados en el extranjero, y de analizar los problemas de seguridad, la familia del extinto jefe del cartel de Medellín decidió que el mejor lugar para iniciar una nueva vida era el Lejano Oriente.

A finales de septiembre de 1994 los Escobar empacaron sus maletas y decidieron abandonar a Colombia. En ese momento surgió un nuevo inconveniente. Cómo hacerlo sin que fueran reconocidos por algún empleado de aerolínea o un funcionario de extranjería que pusiera en peligro la identidad de sus nombres y de su destino final.

Frente a esta situación los abogados trazaron una estrategia para sacarlos del país: abandonar Colombia por tierra. Fue así como iniciaron un largo recorrido por las carreteras, escoltados por funcionarios de la Fiscalía, rumbo a la frontera con Ecuador. El 29 de septiembre de 1994 pasaron el puente de Rumichaca y a partir de ese momento asumieron su nueva identidad: Santos Marroquín.

Con sus nuevos documentos compraron tiquetes rumbo a París y dos días después partieron hacia la Ciudad Luz con el fin de pasar unos días y después abordar un nuevo vuelo que los llevaría al Lejano Oriente.

En medio de la alegría de iniciar una nueva vida se encontraron en el camino con un nuevo tropiezo. Las autoridades francesas los reconocieron y de inmediato declararon los cielos de Europa cerrados para la familia Escobar. En medio de la confusión y ante la alternativa de tener que regresar a Colombia, como les había ocurrido en noviembre de 1993 cuando fueron deportados de Alemania, María Victoria Henao y sus hijos tomaron una decisión de última hora. Había tres países a los que podían ingresar sin necesidad de visa: España, Italia y Argentina. “Los dos primeros los descartaron porque son puertos importantes de embarque de droga y era mejor estar apartados de cualquier contacto con antiguos socios de su padre. Por esa razón decidieron comprar tiquetes rumbo a Buenos Aires”dijo uno de los abogados.

Fue así como a comienzos de octubre de 1994 llegaron a Buenos Aires. Allí no conocían a nadie. Alquilaron un pequeño apartamento en un sector residencial de Buenos Aires. Tres meses después Juan Pablo comenzó a estudiar diseño en la Universidad de Buenos Aires y Manuela ingresó a un colegio privado. María Victoria Henao abrió un negocio de decoración. Al principio fue un almacén y después decidió comprar casas viejas para remodelar y ponerlas a la venta. Contrató los servicios de Juan Carlos Zacarías como contador, un hombre muy conocido en la Argentina por sus vínculos con el club River Plate . El es uno de los miembros de la administración del club.

Sobre la relación de María Victoria Henao con Zacarías se han tejido varias versiones. Una, que sólo fueron amigos de trabajo. Y otra, que con el tiempo iniciaron una relación sentimental. Los abogados de Zacarías lo niegan. Este hombre se convirtió en la pieza clave para conocer la verdadera identidad de la familia Marroquín Santos. Quienes conocen de cerca la historia aseguraron que Zacarías se enteró de la verdadera identidad de sus socios hace tres meses cuando, por casualidad, descubrió en una revista colombiana unas fotos de la familia Escobar. “A partir de ese momento el contador comenzó a chantajear a María Victoria Henao. Le exigió una suma de 500.000 dólares a cambio de su silencio. Con el tiempo la relación empeoró”, señaló uno de los familiares de los Escobar Henao.

La suerte de ellos está en manos del juez Gabriel Cavallo. El viernes pasado le fue negada la libertad provisional a Juan Pablo. Todavía no ha finalizado la indagatoria de María Victoria Henao. En Argentina el tema del fútbol pasó a un segundo plano. Ahora en los cafés sólo se habla de los Escobar. Un tema que eriza a los argentinos. Todavía falta mucha tela por cortar y nadie sabe a ciencia cierta qué va a pasar con la familia del extinto jefe del cartel de Medellín, que a comienzos de diciembre cumplirá seis años de muerto.
Fuente:
Semana.com 2008.