Cómo era la lujosa mansión de Pablo Escobar

hacienda_napolesEn su último libro, el hijo del capo narco cuenta detalles de la Hacienda Nápoles, el histórico bunker de su padre. Fotos.
Hacienda Nápoles

En primera persona, Juan Pablo Escobar Henao, el hijo del ex capo narco Pablo Escobar Gaviria, cuenta cómo era la hacienda Nápoles, la mansión familiar en Colombia.
“La hacienda Nápoles: tenía estación de gasolina propia, taller de mecánica y pintura para carros y motos; veintisiete lagos artificiales; cien mil árboles frutales; la pista de motocrós más grande de América Latina; parque jurásico con dinosaurios a escala real; dos helipuertos y pista de aterrizaje de mil metros; mil setecientos trabajadores; tres mil hectáreas, tres zoológicos y diez casas distribuidas por todo el terreno.

Los chocolates de mi primera comunión y las tarjetas de invitación fueron traídos desde Suiza en el jet privado de mi papá. De regreso, el jet hizo escala en París a recoger las veinte botellas de Petrvs, Pomerol de 1971, uno de los vinos franceses más cotizados del mundo. Diecinueve botellas terminaron años después en la basura, porque nadie las tomó y alguien dijo que las tiraran por viejas.

Tenía trece años y se decidió que para minimizar los riesgos de seguridad yo tuviera un apartamento de soltero; el lugar tenía dos grandes habitaciones, la mía con espejos en el techo, bar con diseño futurista, piel de cebra en el living y una silla de Venus.

La colección de vehículos de mi padre incluía una limusina Mercedes-Benz verde militar que perteneció a Carlos Lehder y más antes a un alto funcionario alemán en la Segunda Guerra Mundial; una motocicleta italiana Moto Guzzi, propiedad de un general cercano al dictador Benito Mussolini; un Mercedes-Benz negro, convertible, modelo 1977; una carroza del viejo Oeste que importó desde Estados Unidos, con interior de cuero, cortinas y detalles de madera; y un automóvil Porsche Carrera GT café, su primer deportivo.

En 1988, cuando cumplí once años, ya tenía una colección de cerca de treinta motos de alta velocidad, así como motocrós, triciclos, cuatrimotos, carts, y buggies de las mejores marcas. También tenía treinta motos de agua.

Las fiestas temáticas eran las preferidas de mi madre. Tanto, que a la casa de cada familia invitada llegaba un sastre con la orden de diseñar disfraz por disfraz. Todo a nuestro cargo.

Durante los seis o siete fines de año que pasamos en Nápoles, mi padre importó de China contenedores repletos de pólvora. Gastaba cincuenta mil dólares en cada uno”.


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